Cerca de las luces de Rosario hay un pueblo con 116 años de vida que lleva como nombre el apellido de una adinerada familia del siglo XIX: Álvarez. La ciudad rece a la par del ruido de una de las ciudades más grandes del país, y del corazón de esa comuna, emerge un orgullo del lugar y una de las figuras más grandes de nuestra gimnasia. Se trata de Nicolás Córdoba, quien dio sus primeros pasos en la disciplina como un complemento al fútbol para calmar una hiperactividad que hacía renegar más de la cuenta a su mamá y que terminó compitiendo en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

El tiempo pasó y la gimnasia se empezó a comer a la pelota. Entonces al momento de la decisión, no hubo dudas: “Tuve que elegir entre uno u otro porque el gimnasio me demandaba muchas horas y dejé de lado el fútbol”, explica el Colo.

Como todo deportista de élite, Córdoba ha tenido que atravesar más de un momento de esfuerzos. Y el de Nicolás está relacionado con la decisión de dejar su casa para dedicarse de lleno al alto rendimiento. “Fue duro estar afuera, solo, con otro idioma y otra cultura”, detalla el santafesino cuando recuerda su vida en los Estados Unidos. “Fue un antes y un después en mi vida deportiva. Y aunque hubo momentos de bajón cuando estaba solo, me sirvió irme”, concluye.

El avance fue ocurriendo naturalmente, los objetivos se fueron cumpliendo, y el alvarense que se perfeccionaba lejos del país porque acá las condiciones no estaban dadas, comenzaba a sentirse como un real profesional. Y vaya si las cosas se le dieron; la baja de un competidor directo le abrió la puerta para ir a los Juegos Olímpicos de Río 2016, algo que Nicolás recuerda con mucha alegría. “Miro y digo ´¿Ya paso un año, loco?´. Fue una experiencia genial. Integrar una delegación nacional, vivir en la Villa Olímpica, dormir poco para ir a ver otros deportes, estar acompañado por mi familia y amigos, estuvo muy bueno”.

– ¿Estás satisfecho con tu rendimiento? ¿Te replantearías algo?

-Siempre me replanteo cosas, pero no por disconforme. Lo hago para superarme de cara al futuro. Cumplí mi sueño deportivo; si hoy me tocara retirarme, podría decir que estoy satisfecho con lo conseguido.

Nicolás se ha convertido en palabra autorizada dentro de la gimnasia nacional. Y cuando se le consulta por el  avance del deporte en el país, da buenas señales: “Cada vez más provincias tienen buenos gimnastas. Antes era cuestión de tres o cuatro en el país. Hoy se practica de Norte a Sur y eso mejora la competencia interna”.

Otro tema importante en el desarrollo del deporte es el apoyo que reciben los deportistas amateurs. Y él no duda en mostrar su felicidad por su situación: “Estoy viendo un increíble cambio. Con el surgimiento del ENARD y la Ley que toma el uno por ciento de los recibos telefónicos para destinarlos a los deportistas amateurs los atletas ya no se tienen que costear todos los viajes. Eso hace que el deportista se preocupe solo en por rendir en lo suyo”.

Un año después de Río, y con la necesidad imperiosa de renovar sus objetivos, el gimnasta que entró por la venta a la última cita olímpica sueña en grande: “La mirada está en Tokio 2020. La idea es hacer todo el caminito hasta llegar. Las clasificaciones comienzan en noviembre del año próximo con unos circuitos de campeonatos mundiales. Mi próximo objetivo es meterme en la final de barras y traer una medalla”, concluye el fruto del club Provincial.

-No son muchos los que llegan y vos lo conseguiste. ¿Qué mensaje bajás como referente y profesor de gimnasia para los chicos que recién comienzan en un gimnasio?

-Siempre les digo lo mismo, si uno sueña algo, tiene que despertarse cada día con ideas que sirvan para allanar el camino hacia ese objetivo. Va a haber días buenos y malos, pero el que es paciente y perseverante termina triunfando.